24 enero 2010
PIETER DE HOOCH. PINTURA HOLANDESA DEL SIGLO XVII.
07 enero 2010
ZURBARÁN: AGNUS DEI. MUSEO DEL PRADO.
Zurbarán, un artista brillante para el que pintar era sinónimo de respirar.
Este lienzo de Zurbarán es sin duda una de las mejores versiones conocidas de un tema del que se conservan bastantes obras análogas (realizó seis versiones).
De apariencia naturalista, es como un estudio tomado directamente del natural, para incluirlos posteriormente en composiciones de obras de mayor tamaño, como motivos secundarios, como es por ejemplo la composición de “La Adoración de los Pastores” de la Cartuja de Jerez.
En el Agnus Dei del museo de San Diego podemos observar la presencia de una aureola en la que la referencia religiosa es inequívoca. Pero en este cuadro del museo del Prado que no muestra elementos específicamente devotos y que la presencia de los cuernecitos nos haga pensar más en un carnero pequeño que en un cordero, debemos plantearnos y dar por buenas las referencias literarias que con frecuencia se han aplicado a este tipo de representación.
Agnus Dei (Cordero de Dios). San Diego. Fine Art Gallery.Estandarte de inocencia, de obediencia, de dulzura, el cordero con las patas atadas, abandonado sobre un tablero, es en todas las religiones antiguas, como ya se ha dicho muchas veces, la víctima adecuada para el sacrificio.
La obra del museo de San Diego es como vemos en la fotografía, la única que presenta explícitos elementos religiosos y corresponde a un cordero verdadero sin cuernos.
Josefa de Obidos. Agnus Dei.De la versión de San Diego podemos admirar varias representaciones realizadas por la pintora portuguesa Josefa de Obidos y que una de ellas se encuentra en el Museo de Evora. En todas ellas el cordero de Zurbarán se copia literalmente y en algunos casos se le rodea de una rica guirnalda de flores.
Las restantes versiones de Zurbarán son en realidad carneros de desarrollada cornamenta, pero no por eso deben considerarse desprovistos de carácter simbólico.
Lienzo de 0,38 x 0,62 cm.
Al dorso, lacres con el escudo de Fernando VII.
Madrid, Museo del Prado.
Zurbarán, en este cuadro del Museo del Prado, nos muestra aquí su extraordinaria maestría y su capacidad evocativa. Con una simplicidad de medios consigue reflejar una mansedumbre celestial.
La sensación de abandono y la portentosa técnica empleada refleja con exactitud la delicadeza de las pestañas, la humedad del hocico, el tacto d la lana, con apretados vellones, la dureza áspera de los cuernos, todo ello a su vez se hermana con gran maestría en el tratamiento de la luz y que hace sobresalir la masa blanquecina de un fondo oscuro denso, con unos matices extraordinarios de una reducida gama de color.
Zurbarán ha atado las cuatro patas y las saca hacia el espectador creando mayor sensación de volumen y nos hace partícipe de la escena.
20 diciembre 2009
ZURBARÁN EN EL MUSEO PUSHKIN DE MOSCÚ.
Virgen de la leche (o Virgen con el Niño), 1658
MUSEO PUSHKIN
Sus símbolos, su temática, su función, ya estaban establecidos en los siglos anteriores y todavía en algunos aspectos no se ha modificado.
El arte cristiano parte de la idea esencial de que Cristo, Hijo de Dios, vino a la Tierra y murió para redimir los pecados y permitir que los seres humanos alcanzaran la vida eterna.
Todas las distintas religiones del mundo han buscado su propia manera de explorar la relación del ser humano con una fuerza superior y cada religión tiene su propia percepción de dicha fuerza y su manera de definir su compromiso con ella, de esta manera, todas estas religiones es evidente que utilizaran la iconografía de forma distinta.
Leonardo da Vinci presentó las innovaciones que sentaron las bases del arte del Cinquecento.
La perfección de Leonardo, los cuerpos de Miguel Ángel y la intensidad emocional de Rafael, según Vasari nunca superadas, influenciaron a la siguiente generación de artistas.
En el siglo XVII los estilos pictóricos se iban volviendo cada vez más extravagantes y expresivos. El mensaje religioso cada vez más humanizado cumplía los objetivos de la Iglesia.
A finales del siglo XVIII se les pedía a pocos artistas que llenaran las Iglesias con sus obras, sin embargo el mensaje cristiano seguía teniendo relevancia. La iconografía religiosa continuaba en boga.
Durante el siglo XIX los artistas siguieron explorando la iconografía cristiana. Los artistas aplicaron estilos innovadores a temas tradicionales. Paul Gauguin y los nabis exploraron la experiencia religiosa y el simbolismo.
ZURBARÁN Y SU ARTE RELIGIOSO
Hay artistas que redefinen su entorno y otros que lo reflejan.
Francisco de Zurbarán reflejó en sus cuadros las creencias religiosas y las aspiraciones de su clientela compuesta de eclesiásticos conservadores. Zurbarán reprodujo el mundo que vio como en un espejo.
La carrera de Zurbarán como pintor religioso no estuvo exenta de avatares. Trabajó y vivió durante una época de cambios dinámicos. El artista que partió de humildes comienzos, ascendió espectacularmente a cimas de gran exaltación para luego ser arrastrado suavemente en descenso hacia un final melancólico.
Francisco de Zurbarán nació en Fuente de Cantos (Extremadura) en 1598. Su padre a los quince años, según era costumbre, lo entregó al pintor Pedro Díaz de Villanueva (el maestro), quién se comprometió a enseñarle su “arte” en término de tres años. Zurbarán (aprendiz) le pagó a su maestro 16 ducados a cambio de que éste le diera también “de comer, de beber, casa y cama”.
Después del aprendizaje se convirtió en el pintor más famoso y más solicitado por los conventos y parroquias.
Por su bien hacer fue llamado a la Corte de Madrid, para intervenir con sus obras en la decoración del Salón de los Reinos con temas distintos de los que él acostumbraba, mitológicos y de batallas. No consiguió su éxito sevillano y vuelve a su taller inicial de Sevilla. Siguió trabajando para las Ordenes Religiosas, pero poco a poco su estilo dejó de gustar y volvió a intentar suerte en Madrid. Allí fueron muy escasos los encargos que le hicieron y murió en la capital de España casi en la indigencia en 1664.
Su nombre se sitúa hoy entre los más altos de toda la historia del arte español, cediendo apenas ante los de Velázquez y Goya, e igualando (cosa que hasta hace pocos años era impensable) al del Greco.
Tabla 0,42 x 0,27 cm.
Al dorso hay un fénix grabado sobre campo de oro
Moscú. Museo Pushkin
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Zurbarán, a pesar del pequeño formato que es común a este tema, consigue dotar a la figura de una sorprendente monumentalidad.
La excepcional calidad de este cuadro ha hecho que los estudiosos lo reconozcan como obra del artista. Hasta 1930, sin fundamento, se atribuía a Francisco Meneses Osorio, discípulo de Murillo.
El historiador ruso Malitzkaja, fue el primero en identificar en 1950 la pintura como obra de Zurbarán.
Este Niño pintado por Zurbarán es tremendamente natural, su expresión es viva y su sonrisa es de bondad.
Sus armoniosas proporciones, su postura, la seguridad del bracito alzado en bendición y el rostro, de redondas mejillas, inclinado hacia la derecha, son innovaciones que no se encuentran en ninguna otra pintura española de la década de 1640, excepto en la obra de Velázquez.
La túnica azul plateada de pesado tejido con amplios pliegues, los cabellos claros, contrastan con las nubes de tonos naranjas-ocres, en una combinación cromática maravillosa, que se ha conseguido con poca variedad de colores, consigue un resultado muy refinado.
El tratamiento que le da Zurbarán a esta obra es delicado. Las pinceladas están suavemente aplicadas. La luz perfectamente distribuida, unifica la composición.
Su realización data entre 1635-1640
LA VIRGEN DE LA LECHE o VIRGEN CON EL NIÑO
La composición queda escrita en un triángulo. A Zurbarán le gustaban las líneas oblicuas. La Virgen y el Niño ocupan la mayor parte de la composición.
El realismo de Zurbarán procede de su deseo de tratar los objetos familiares y sencillos con amor y veracidad, sin exaltarlos por su baja condición.
Los objetos están dotados de una especie de hiperrealismo que arrebata al espectador.
La destreza, el refinamiento en la armonía de los colores, su brillo, constituyen la decisiva contribución de Zurbarán al Siglo de Oro de la pintura española.
La luz del cuadro junto a un fondo más oscuro, da vida a la composición y produce el efecto de profundidad, sin perspectiva lineal.
La profundidad también está sugerida por las líneas oblicuas de la mesa y de la caída del manto.
Una viva luz hace destacar las figuras sobre el fondo oscuro realzando las telas, acentúa la blancura del lienzo blanco del Niño y realza el modelado vigoroso en los tejidos que visten a la Virgen.
El color azul del manto de la Virgen es emblema de Fidelidad y Esperanza, el blanco pureza.
El paño blanco que cubre al Niño y la expresión un tanto apesadumbrada de su rostro se deduce que está presagiando la futura Pasión, siendo el paño blanco prefiguración de sudario.
El vestido rojo, tiene el color del Amor y de la Caridad, pero el rojo es también el color real, aludiendo a la Virgen como “Reina de los Ángeles”.
Aquí, unido el azul con el rojo de la realeza, puede significar la Autoridad y el Amor de Dios Padre que concedió a la Virgen el honor de llevar a su Hijo en su seno.
Los suaves rostros a plena luz están envueltos en una ligera veladura. Los tonos son delicados y artísticamente matizados con el color rosa intenso, empleado a veces por Zurbarán en sus obras de 1650.
Pocos artistas de su tiempo consiguieron representar también como Zurbarán la expresión del rostro, logrando la más pura espiritualidad gracias a la enorme veracidad de su obra.
La Virgen y el Niño, proporcionan el vínculo entre el cielo y la tierra a través de su no fingida naturalidad.
25 noviembre 2009
FRIDA KAHLO. FRIDA, LA ENCARNACIÓN DE LA MUJER SURREALISTA...
Frida Kahlo, hacia 1938/39, fotografiada por su amante el fotógrafo Nickolas Muray.
“Se me tomaba por una surrealista. Ello no es correcto. Yo nunca he pintado sueños. Lo que yo he representado era mi realidad”
Frida Kahlo. Autorretrato para Marte R. Gómez, 1946
“Me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque yo soy el motivo que mejor conozco”
(Frida Kahlo)
La columna rota, 1944
Una columna jónica con numerosas fracturas simboliza su columna vertebral herida. Frida pintó este retrato cuando emperó su salud y se vió obligada a llevar corsé de acero. Los surcos en el paisaje agrietado se convierten en la metáfora del dolor y de la soledad.
Refiriéndose a su accidente (una de las barras de hierro del tranvía atraviesa a Frida a la altura de la pelvis, de un lado a otro) comenta:
Frida, en sus cuadros tan vinculados al arte popular, expresa la belleza convulsiva de su cuerpo herido... de su alma que sufre, ella que es la encarnación de la mujer surrealista.
FRIDA KAHLO (1907-1954)
Magdalena Carmen Frieda Kahlo Calderón, nace el 6 de julio en Coyoacán, un pueblo de la periferia de Ciudad de México. Es la tercera hija de la mexicana Matilde Calderón y del alemán Wilhelm Kahlo.
En 1913 enferma de poliomielitis y el pie derecho queda ligeramente deformado.
Asiste a la escuela primaria en el Colegio Alemán de México.
En 1922 ingresa en la Escuela Nacional Preparatoria para prepararse para la carrera de Medicina.
De 2000 alumnos que asisten a la Escuela, sólo 35 son mujeres.
Es en 1925, un 17 de Septiembre, cuando Frida sufre un grave accidente de tráfico al chocar un tren con el autobús que la llevaba de la Escuela a casa. Pasa un mes ingresada en el Hospital de la Cruz Roja y es aquí donde inicia su afición a la pintura.
El accidente, 1926
“Mi padre tenía desde hacía muchos años una caja de colores al óleo, unos pinceles dentro de una copa vieja y una paleta en un rincón de su tallercito de fotografía. Le gustaba pintar y dibujar paisajes cerca del río en Coyoacán, y a veces copiaba cromos.
Desde niña, como se dice comúnmente, yo le tenía echado el ojo a la caja de colores. No sabría explicar el por qué. Al estar tanto tiempo en cama, enferma, aproveché la ocasión y se la pedí a mi padre. Como un niño, a quien se le quita un juguete para dárselo a un hermano enfermo, me la prestó. Mi mamá mandó hacer con un carpintero un caballete… si así se le puede llamar a un aparato especial que podía acoplarse a la cama donde yo estaba porque el corset de yeso no me dejaba sentar. Así comencé a pintar mi primer cuadro, el retrato de una amiga mía.”
Anteriormente ya había tomado algunas clases de dibujo con el grafista publicitario Fernando Fernández, estudio que se encontraba muy cerca de su Escuela.
Mi nana y yo, 1937
Está representada la nana indígena que la amamanta y Frida en sus brazos con cuerpo de niña y rostro de mujer grande. los ojos de Frida miran adultos y profundos hacia adelante, no hay contacto a nivel de la mirada. la nana es la encarnación mítica de las raíces mexicanas, morena grande, pero también enigmática con su rostro de máscara de piedra de Teotihuacan.
Frida en 1929 se casó con Diego Rivera, el genial muralista mexicano, se divorció y se volvió a casar con él.
Comenzó a escribir su diario en 1942, hoy constituye uno de los documentos más importantes sobre su forma de sentir y de pensar. Comenta no sólo los sucesos del presente, sino también su infancia y juventud. Habla sobre la sexualidad y la fertilidad, su enfermedad y su padecer, el esoterismo... Plasmó sus pensamientos en estudios a la acuarela, también a la aguada. Es en este mismo año, cuando es elegida miembro del Seminario de Cultura Mexicana.
Frida reposa desvalida en la cama transmite la sensación de soledad y desamparo. El cuadro refleja su estado de ánimo tras la pérdida de su hijo y su estancia en el hospital. La sensaciónn de abandono se ve acentuada por la representación de un paraje industrial y ante el que parece flotar la cama.
Este cuadro alude al aborto que había sufrido Frida no hacía mucho tiempo, ella se imaginaba cómo había sido su propio nacimiento. La cabeza de la madre está cubierta con una sabana: posiblemente hace alusión a la muerte de la madre coincidiendo con la realización del cuadro.
Frida pintó este autorretrato en la época en que Rivera tuvo una relación amorosa con la actriz de cine María Félix. El rostro de Frida mira al espectador con mirada triste, sus cabellos enredados en su cuello amenzan con estrangularla.
En 1953, Lola Álvarez Bravo, organiza en su galería la primera exposición individual de la obra de Frida Kahlo en México. La artista asiste a la inauguración en cama. Su pierna derecha es amputada hasta la rodilla.
“Me amputaron la pierna hace seis meses, se me han hecho siglos de tortura y en momentos casi perdí la razón. Sigo sintiendo ganas de suicidarme. Diego es el que, me detiene por mi vanidad de creer que le puedo hacer falta. Él me lo ha dicho y yo le creo. Pero nunca en la vida he sufrido más. Esperaré un tiempo… “
El cuadro contiene muchos elementos de la vieja mitología mexicana: la diosa de la tierra Cihuacoatl, el día y la noche, el sol y la luna. El perro representa a la figura mitológica Xólotl, el guardián del mundo de los muertos, además de ser el perro preferido de Frida. Ella se comportaba como una madre ante su marido y le encantaría tenerlo en brazos como a un hijo recién nacido.
Autorretrato con el pelo suelto, 1947
Muere el 13 de julio de 1954 en la “Casa Azul”, siete días después de su 47 cumpleaños, de una embolia pulmonar.
“Quemar mi cuerpo…no quiero ser enterrada. He pasado mucho tiempo acostada. ¡Simplemente quemarlo!”
Frida Kahlo, fotografíada por su amante el fotógrafo Nickolas Muray.
En 1958, se inaugura el Museo Frida Kahlo y es entregado al pueblo mexicano, según el deseo de Diego Rivera (muerto en 1957) y allí es, en la “Casa Azul” donde se conserva viva la extraordinaria personalidad de Frida Kahlo.
“Por otra parte es la primera vez en la historia del arte que una mujer ha expresado con franqueza absoluta, descarnada y, podríamos decir, tranquilamente feroz, aquellos hechos generales y particulares que conciernen exclusivamente a la mujer”
Autorretrato en la frontera de México y los Estados Unidos, 1932
Frida, como artista y como mexicana, era partidaria de los valores mexicanos posrevolucionarios y apoyaba siempre la búsqueda de la identidad nacional. Establecía límites ante las influencias culturales europeas y neocolonialistas norteamericanas. Así, la sublimación de la cultura autóctona mexicana junto a sus raíces precolombinas e hispánicas, se reflejan continuamente en su trabajo.
“Mi pintura no es revolucionaria, para qué me sigo haciendo ilusiones de que es combativa”
SU OBRA MAESTRA: Las dos Fridas
Museo de Arte Moderno, Ciudad de México.
Autorretrato con el retrato de Diego en el pecho y María entre las cejas, 1953/54
La artista desarrolló un lenguaje pictórico propio. Aunque sus obras contienen elementos surrealistas, en ningún momento se desprendió por completo de la realidad.
Frida, es una de las pintoras más importantes de la primera mitad del siglo XX.
Bibliografía:
Frida Kahlo. RM
Mil Pinturas de los Grandes Maestros
Kahlo. Andrea Kettenmann
Surrealismo.Michael Robinson
Frida.Una biografia de Frida Kahlo. Hayden Herrera
Frida en Coyoacán, 1936. Fritz Henle
“El Surrealismo es la sorpresa mágica de encontrar un león en el armario donde uno quería tomar una camisa”
26 octubre 2009
FRANCIS BACON. BACON OBSESIONADO POR LA VIDA.
Óleo sobre lienzo, tríptico, cada panel 35,5 x 30,5 cm.Colección privada.
“Pienso que el arte es una obsesión con la vida” (Bacon)
Óleo sobre lienzo, 198 x 147,5 cm. Londres, Ivor Braka Ltd.
“Me considero un creador de imágenes. La imagen es más importante que la belleza de la pintura…” (Bacon)
Óleo sobre lienzo, 152,5 x 116,5 cm.Colección privada.
OCUPA UN LUGAR ESPECIAL EN EL ARTE DEL SIGLO XX.
FRANCIS BACON
Francis Bacon, nació en Dublin en 1909 y murió en Madrid en 1992. Hijo de padres ingleses, vivió la mayor parte de su vida en Londres. Trabajó de decorador en París y pasaba veranos en Mónaco.
Se inspiró en Picasso, en sus primeras acuarelas y dibujos.
Bacon, autodidacta, empieza a pintar en los años treinta, bajo la clara influencia del surrealismo y de la figuración distorsionada de Picasso.
Comienza a pintar óleos en 1944, destruye sus primeros trabajos y crea un nuevo estilo pictórico, así como una nueva tendencia contemporánea.
En 1962 pinta su primer gran tríptico, Three Studies for Figures at the Base of a Crucifixion.
En 1963, comienza su relación con George Dyer, que se convertirá en una fuente de inspiración habitual.
Las pinturas existencialistas del artista se caracterizan por su inusual mezcla de realismo y surrealismo, de lo abstracto y de lo figurativo.
Apartado de tendencias y novedades en el arte moderno, Bacon permaneció fiel a su estilo figurativo durante más de cincuenta años, hasta convertirse en el artista realista más importante de la época.
Bacon utilizaba a menudo la fotografía para trabajar, pero consideraba que la pintura gozaba de la gran ventaja de las texturas y que se conseguía un efecto más intenso que con la fotografía.
Su obra, es un documento preciso de una época reflejada por la poderosa imaginación del artista. Posiblemente ningún artista del siglo XX haya representado con su pintura la tragedia de la existencia con tanto realismo como él. El artista pinta a partir de la vida misma.
Óleo sobre lienzo, 155 x 140 cm.
Londres, Richard Nagy Fine Art.
“Me gustaría que mis cuadros se vieran como si un ser humano hubiera pasado por ellos como un caracol, dejando un rastro de la presencia humana y de la memoria del pasado, igual que el caracol va dejando su baba”. (Bacon)
Generalmente fragmentados, sus cuadros son representaciones de una realidad interior, de una perturbación sentida y presentida. Bacon es una de las figuras más destacadas de la pintura visionaria de posguerra.
En 1955 tuvo lugar su primera exposición retrospectiva, en el Institute for Contemporary Arts de Londres.
Bacon escogió por primera vez el tríptico para su obra “Tres estudios de figuras para la base de una crucifixión” (1944). En el tríptico, el artista encontraba la posibilidad de multiplicar un motivo, que se ve así representado desde diferentes puntos de vista, que vemos simultáneamente.
Bacon había dicho de sus trípticos que eran lo que más le gustaba hacer “Creo que puede tener relación con la idea que he tenido a veces de hacer una película. Me gusta la yuxtaposición de las imágenes separadas entre lienzos diferentes”
Bacon utilizaba para sus retratos un solo modelo. A sus obras acabadas, él las solía llamar “Estudios”, para no definirlas como obras “terminadas”.
El artista, era un pintor expresivo y radical, de todas las posibilidades de la existencia, solamente eligió los extremos desesperados como objeto.
Óleo sobre lienzo, 198 x 147,5 cm. Colonia, Museum Ludwig.
Bacon, es sin duda, uno de los artistas ingleses más controvertido y perturbador. Obsesionado por las imágenes de enfermedades de la boca, se propuso captar la expresión y así trató específicamente de representar a la humanidad repelente, el pánico, el dolor, plasmó lo horripilante, lo alucinatorio…
Sus cuadros describen estados psíquicos y conmovedores, como el miedo y la desesperanza.
Francis Bacon, partiendo del surrealismo que conoció de joven, practicó un estilo propio, que lo convirtió en uno de los mejores artistas del siglo XX.
Óleo sobre lienzo, 198 x 147,5 cm. Riehen/Basilea, Fondation Beyeler.
En sus cuadros contrasta la claridad del espacio, con la violenta forma de representación de las figuras, estimula su visión de lo humano, que él representa en las situaciones más triviales y a las que impone deformaciones plásticas.
El retrato es una constante en su obra.
Es cierto que en el arte de Bacon a través del motivo de la figura humana existe una notable constancia, pero fueron muy diferentes sus manifestaciones en la evolución de su pintura a lo largo de los años.
Desde el punto de vista estructural, a partir de 1962 se pueden descomponer en ciertos elementos básicos que nos permiten descubrir los medios empleados para crear sus obras. Es a partir de ahora, cuando Bacon establece una estructura que altera en muy pocas ocasiones, limita el soporte de sus obras al formato de gran lienzo y al de retrato de cabeza, solos o bien formando parte de un tríptico. El plano, la figura, la zona del entorno, que son los elementos que constituyen las pinturas de gran tamaño quedan establecidos. El artista tiene ya vía libre para plasmar su creatividad.
Bacon, por regla general, solía empezar el cuadro pintando una figura en el lienzo vacio, después fijaba la postura y la posición con óleo negro casi seco, como dibujando.
Siempre pintaba primero la figura y después el entorno, desde el exterior hacia ella.
Si los retratos parecen pegados a la superficie, en las composiciones de mayor tamaño la figura suele estar más retirada.
Las dimensiones de sus figuras no suele variar, no traspasan la composición, actúan sin salir de su zona.
La actuación de la figura es lo que determina la creación del entorno a su alrededor y después el fondo. En sus figuras de gran opacidad y espesor, incluída la zona sobre las que se sitúan, cuando utiliza el blanco sirve para unificar la totalidad de la obra y a su vez sirve como soporte visual de cuerpo activo.
Su actividad pictórica estaba muy controlada por el artista, más de lo que él quería reconocer, dejaba muy claro siempre que el azar no era una estrategia artística, sino una actitud fundamental ante la vida. Era un gran aficionado al juego. Reivindicaba la espontaneidad.
Bacon es uno de los grandes pintores de la forma humana y uno de los mayores artistas del siglo XX.
Bacon retoma temas iconográficos ya existentes, como el retrato de Inocencio X, La Crucifixión. Realiza retratos de sus amigos y de sí mismo, también numerosos desnudos en interior. Pinta toros bravos, perros, chimpancés y escasos paisajes.
En cierta ocasión declaró que sólo hacía paisajes cuando se sentía incapaz de pintar figuras.
Sus obras se presentan solas, en trípticos, en series, en gran formato o pequeño formato para los retratos.
Se inspira en el cubismo de Picasso, el post-cubismo del escultor Moore, la fotografía, la radiografía, el surrealismo cinematográfico de Buñuel y libros de medicina completan sus fuentes de inspiración.
Su obra se suma a una generación de artistas en busca de la expresión violenta, dando rienda suelta a su imaginación; pinta el cuerpo de sus personajes con toda clase contorsiones, muy a menudo llevadas al límite. Representa a los cuerpos en posturas íntimas y banales. Torturados por su pintura, sus personajes muestran el dolor físico, el odio… Bacon sitúa a sus personajes en un espacio vacío o en un baño, cama… esta asociación aumenta el malestar. Le gusta destruir los rostros y captar su reverso, para penetrar en el interior, conservando la realidad física.
Es sorprendente la unión que crea entre el colorido empleado y la expresión de los rostros.
Emplea una pincelada vigorosa, trazos de gran fuerza, el color vivo, el empaste granuloso. Prefiere los tonos que van del naranja al rojo, del rosa claro al violeta.
“Más que un pintor, siempre me he considerado un intermediario del accidente y la casualidad… no creo que tenga talento; sólo soy receptivo…” (Bacon)
Bibliografia:













